domingo, 21 de marzo de 2010

Nuestro querido río Ebro nos ha dado más de un disgusto.

El río Ebro ha dado muchas veces que pensar en Zaragoza,  y originado intensas preocupaciones a consecuencia de sus grandes avenidas. Mientras éstas no ofrecían tanta importancia y se sabía que no causaban perjuicios, la cosa adquiría las características de un espectáculo que los zaragozanos presenciaban, saliendo a contemplar la impetuosidad de la corriente al hoy llamado paseo Echegaray y Caballero.

En el siglo XIV se hallan perfectamente documentadas las tremendas riadas de los años 1328 y 1372. Una singular avenida ocurrida ocho años después (1380) y descrita al detalle por Jerónimo Zurita, desvió el cauce habitual del río a su paso por Zaragoza, formando las llamadas desde entonces Balsas de Ebro Viejo. Muy documentadas se hallan también las catastróficas avenidas de los años 1391, que llegó hasta las murallas de la Aljafería.





Nuestro querido río Ebro ofrece normalmente el estiaje que se aprecia en la fotografía e incluso más. Las grandes avenidas, que en demasiadas ocasiones han sido utilizadas por los delincuentes de la palabra y de la manipulación sistemática (todos los conocemos), pues no son tales, y muchos pueblos nuestros sufren de la carencia del líquido elemento hasta límites vergonzosos y desconocidos.

La riada de febrero de 1643 quedó ya puntualmente reflejada. Arrasó los dos arcos centrales del puente de Piedra, tal y como lo pintó dos años después Juan Bautista Martínez del Mazo.

Gentileza de (A.M.Z. Palacio Montemuzo)
La crecida del Ebro de 1871 fue la más grande, parece ser. Era un frio 13 de enero cuando el Ebro enloqueció, debido a las copiosas y persistentes lluvias y el deshielo repentino de las enormes masas de nieve que cubrían las montañas, comenzó a iniciarse en la mañana del día 11; y aunque el nivel del caudaloso río se elevaba por momentos, es bien seguro que nadie adivinó la horrorosa catástrofe de que estaban amenazados los zaragozanos y los habitantes de los pueblos de la ribera.
Hubo que hacer parapetos en la puerta de Sancho y decenas de pueblos ribereños de Aragón y de Cataluña, con miles de casas y campos destruidos, provocando la muerte de numerosas personas.


El comienzo de la primavera de 1936 trajo a Zaragoza otra impresionante crecida del Ebro. El desaparecido barrio de Ranillas y parte del actual Actur, pues, ofrecían este aspecto. La basílica del Pilar, al fondo, sirve como referencia y para valorar la magnitud de la riada.




Corría el año 1937 y Zaragoza al igual que el resto de España se encontraba en plena Guerra Civil. El río Ebro ajeno a los problemas de sus vecinos, volvía a hacer de las suyas, nueva riada y cuantiosos destrozos.
Siete años antes ya se tuvo que desalojar los barrios zaragozanos, al llevar el río un caudal de 3500 metros cúbicos por segundo. Hubo otras riadas singulares en 1941 y 1952, pero la mayor de la centuria fue la registrada en la Nochevieja de 1960 y Año Nuevo de 1961.



La margen izquierda, Helios, Actur, Ranillas, ofrece en la actualidad un aspecto totalmente urbanizado y muy diferente a como era unas décadas atrás, cuando las continuadas inundaciones asolaban los campos de cultivo y las fincas existentes.



Las navidades de 1960 y el comienzo de 1961, trajeron a Zaragoza la mayor riada conocida, con permiso de la de 1871.
Grandes masas de aire oceánico descargaron con furia ya desde la cabecera y también el Pirineo. Como resultado de todo ello, en Zaragoza, a las cinco de la tarde del 2 de enero, se registró un caudal excepcional de 4.130 metros cúbicos por segundo.
La fotografía está tomada en el propio barrio de Ranillas, muy cerca del actual edificio actual de KASAN.



Fotografía tomada en el entorno KASAN-Actur, correspondiente a la gran riada de enero de 1961, la Basílica del Pilar al fondo.




La memoria recuerda perfectamente aquella asoladora riada de las navidades de 1960-1961, fue una fecha grabada en nuestro cerebro y con la que crecimos muchos zaragozanos.
En la fotografía aparece el Centro de Natación Helios y los edificios del barrio de Ranillas totalmente inundados.




La gran riada de 1961 asoló toda la ribera y la pasarela quedó totalmente intransitable y solitaria.




El puente de Nuestra Señora del Pilar (de Hierro) también ha sido punto de referencia y de curiosidad, para presenciar las grandes avenidas del río Ebro.




La localidad de Pina de Ebro también sufrió las consecuencias de la gran riada del año 1961.





Pina de Ebro al estar tan cerca del río, sufre con frecuencia los rigores de las grandes avenidas.



Riadas en los tiempos modernos. Vadorrey y su flamante embarcadero sufren su "primera" inundación...llegarán otras, seguro.
Nuestros antepasados sí que disfrutaron el río Ebro.


Magnífico grabado de Juan Bautista del Mazo (1605-1667). Como ya es sabido contrajo matrimonio con una hija de Velázquez. Fue en el año 1647 cuando plasmó para la posteridad esta bella imagen zaragozana.

Trescientos sesenta y dos años después, los zaragozanos podemos disfrutar de similares vistas, desde el recientemente restaurado "Balcón de San Lázaro".




Siglo XIX. La arboleda de Macanaz, algo cambiada. Se trata de una bella estampa con el Templo del Pilar como fondo, y que sin duda disfrutaron nuestros tatarabuelos, al igual que lo hacemos nosotros ahora.


El Templo del Pilar desde la arboleda de Macanaz, por Parcerisa (1803-1875). Todo apunta a que los zaragozanos que aparecen en el grabado eran felices, pescando, navegando, paseando (el footing no estaba inventado...todavía).

Se observan pequeñas embarcaciones navegando, eso señala que el viejo sueño de navegar por el Ebro, seguía ahí, estaba latente.... Si, siempre ha estado presente, lástima de todas esas presas y azudes que acompañan al Ebro en todo su recorrido; lo han desvirtuado y afeminado, al Padre Ebro.


Año 1927. La imagen nos transporta a tiempos mucho más tranquilos y placenteros.

Curiosamente la historia vuelve a repetirse, el río Ebro, de nuevo, comienza a formar parte del pueblo zaragozano, como lo fue en el pasado y como lo sintieron nuestros abuelos.
Es una maravilla comprobar como actualmente miles de zaragozanos recorren a diario, a pie, en bicicleta, o en patinete, infinidad de nuevos caminos, senderos, carriles-bici y un sin fin de espacios inéditos rescatados del olvido y la dejadez. Nos sigue faltando aquella agua pura y cristalina de nuestros ríos, que desapareció con el "progreso" pero, los sabios dicen que tiene que ser así...


Década de los 60. Se acaba de construir el Puente de Santiago. Zaragoza y el Ebro no tardarán muchos años en cambiar, en volver a reencontrarse con sus habitantes, con su gente.



Primeras décadas del siglo XIX. Todavía quedan vestigios de la pasada Guerra de la Independencia. Algunos aspectos del Puente de Piedra se nos pueden antojar desconocidos, pero, Edward Locker quiso mostrar una Zaragoza algo más amable.


(gentileza de: Chesus)


Año 1965. Los bañistas de los años 60 y 70 seguían prefiriendo las aguas de los ríos que rodeaban Zaragoza. En ocasiones, la falta de recursos económicos provocaba que no todos pudieran acudir a las piscinas para mitigar el calor.

Existieron proyectos serios para construir una playa en Zaragoza, no obstante nunca éstos fueron tomados demasiado en serio. Mientras, los zaragozanos seguían desafiando los peligros que estos cauces encerraban, especialmente el del Ebro.
Tampoco es que no existiesen piscinas en Zaragoza, pues la primera se inauguró en el campo de Torrero el año 1924. Siguió la de Helios, a orillas del río Ebro, en 1928. Después el "Tenis", en el Paseo de la Mina, construyó otra en 1936. También en 1939 se abrió la del Terminillo (Ciudad Jardín). Años después, en 1946 la del Rincón de Goya, la del Stadium Casablanca etc.


Siglo XIX. Hasta que no fue construido el Puente de Nuestra Señora del Pilar (de Hierro), existió uno llamado "de Tablas" que fue reconstruido infinidad de veces.


(gentileza: Juan G. Rodrigo)

Año 1939. ¡¡Que maravilla!! en traje de baño debajo de una de las arcadas del Puente de Piedra.

Si se le ocurriera hoy en día, hacer esa misma pose a cualquier ciudadano, sería tachado de "loco" "exhibicionista" "pobretón" etc.
Pero no, el tema que se plantea es mucho más transcendente. Los que posan hace 70 años en la fotografía son personas normales y corrientes e incluso con un cierto "status social".... la de vueltas que da el mundo!.

Conclusión: que somos unos "pringaos" , que hemos ido para atrás en muchas cosas, que hemos perdido libertad y, que ya no vamos a sentir ese tremendo placer que es...bañarnos debajo del Puente más emblemático de nuestra ciudad, y con absoluta naturalidad.............bueno, bueno...hacerlo hoy en día en Helios, o en el Olivar o en la Playa, pues, no es lo mismo, es totalmente diferente. En estos lugares señalados hay que pagar y cumplir con un ritual, nada que ver con los zaragozanos de la foto.

Baños del Ebro, conocidos popularmente como el Balneario del Ebro. Fueron construidos en los años 20 por el Ayuntamiento de Zaragoza. Se ubicaban en la propia arboleda de Macanaz y muy cerca de los dominios del Club Naturalista Helios.
Con estas instalaciones se perseguía mejorar y regular las precarias condiciones en las que se bañaban los cientos de zaragozanos que, a diario y acosados por los rigores del verano, acudían a las orillas del río Ebro a "gozar de las caricias del agua dulce".



Las instalaciones fueron pintadas en un primer momento de azul y blanco, existían ocho cabinas para el servicio de los bañistas.


El Pabellón de Baños del Ebro se inauguró el 23 de junio de 1928. Con tal motivo se celebró una fiesta naútica, de modo que, a la vez que se ofrecía al público la obra realizada por el Ayuntamiento, se intentaba inculcar entre los aficionados a la natación un sano espíritu deportivo.



La seguridad de los bañistas constituía una de las mayores preocupaciones del momento, por la gran cantidad de accidentes que se registraban en el río. Había un barquero contratado para prohibir traspasar los límites que unas cuerdas señalaban. Tampoco se permitía la entrada al agua a los niños menores de 12 años, a no ser que fueran acompañados de sus familiares o del bañero.



(gentileza de Adolfo Lorente)

Año 1956. La margen izquierda, frente a la "Química" ofrecía el aspecto de la imagen. Uno podía adentrarse en frondosos pinares y choperas, donde poder degustar una buena comida...campestre, ¡como Dios manda!




Años 30. Durante décadas el Río Ebro fue escenario de multitud de celebraciones deportivas impulsadas , sobre todo, por el Club Helios. El cauce del río se convertía, tanto para fiestas del Pilar como en otros momentos del año, en un lugar de cita obligada.




Sin duda alguna, aquel viejo pabellón de los Baños Públicos. Aquel legendario, viejo, pasado de moda, fue adquirido por el Centro Naturista Helios pioneros del naturismo y, ya establecidos en los terrenos colindantes a los Baños Públicos con anterioridad.



(por gentileza de Antonia Franco)

Año 1956. Nuestros padres y abuelos tuvieron el privilegio de "disfrutar" un río Ebro sin contaminar y preparado para hacerles la vida mucho más agradable.

Existían diferentes puntos de alquiler de barcas, justo entre el Puente del ferrocarril y la pasarela (actual puente de Santiago) existía un punto de alquiler, pero, había otros más.

Entrañable emplazamiento el de la presente fotografía; embarcadero cerca de Helios, muchas generaciones de zaragozanos pudieron alquilar barcas en el entorno señalado, baños públicos pero, alguien marcó toda una época....el Tio Toni, él y sus hijos fueron toda una institutición en el río Ebro y Zaragoza nunca los olvidó.



(gentileza de: Josechu Segué)

Año 1945. Arboleda de Ranillas, eso si que era nivel de vida, ¡nadando en el Ebro, en Zaragoza y con total naturalidad!.



Años 90. El Ayuntamiento de Zaragoza, a través de la Delegación de Salud prohibe el baño en las aguas del río a su paso por la ciudad.

Durante los veranos de estos años, los zaragozanos seguían desafiando los peligros que reportaba el bañarse en el cauce del Ebro, contaminado en exceso y, por tanto, sin garantía sanitaria de ningún tipo.

Realmente ya no se trataba de bañistas sino de zaragozanos que buscaban, dentro de la ciudad, un lugar tranquilo para tomar el sol, pasar sus mañanas de vacaciones e incluso reunirse con sus amigos o amigas y pasar un agradable día.

Fue duro renunciar a una tradición muy entrañable, pero el "progreso" traducido en un río lleno de "mierda" pues dio paso a otro modo de vida, a otras costumbres.

(gentileza: José Ángel Maestro)

Años 50. Muchos zaragozanos todavía podemos recordar cómo nuestros padres nos llevaban a dar una vuelta en barca por el río Ebro, ah! y también era posible hacerlo en el Canal Imperial, vaya lujazo, ¡ que tiempos !.

Afortunadamente con el boom de la pasada Expo, hemos vuelto a recuperar parte de nuestro pasado más reciente. Volvemos a tener a nuestro querido río Ebro, ahí. Podemos recorrer sus riberas y disfrutar de espacios escondidos e inaccesibles hasta hace poco.

(gentileza de: Enrique Muñoz)

Año 1952. No hay duda de que nos encontramos a comienzos de la década de los 50, a juzgar por el avance en la construcción de las torres del Pilar.


Años 50. No cabe duda de que las "Playas Zaragozanas" existieron y, que formaron parte de la vida cotidiana de infinidad de zaragozanos, muchos fueron felices, con muy poco.

Lamentablemente todo cambia, en este caso a peor, pero resulta reconfortante recordar lo que fue y, no me vale ese dicho tan socorrido de que lo pasado, pasado está. No, las cosas suelen volver a su cauce natural, y la memoria debe de estar ojo avizor, siempre ha sido así...¡que no lo olviden los más "listos" del lugar! .





Año 1955 (gentileza de José Manuel)

La imagen muestra el ya desaparecido Puente del Ferrocarril, actual Puente de La Almozara.

Durante décadas este entorno sirvió como lugar de encuentro, diversión...y refresco. Las playas de "Las Piedras", "de los Ángeles" y algún otro apelativo que no acierto a recordar, forman parte de un pasado muy entrañable para muchos zaragozanos.

Cada vez está más lejano el recuerdo de aquel "Puente del Ferrocarril" ó "Puente de Hierro" sobre el Ebro, casi frente a la antigua y desaparecida Puerta de Don Sancho. Su fecha de inauguración ronda el lejano año de 1870, pero muy pronto tuvo que ser reacondicionado; no tuvieron presente la bravura del río Ebro.
Las personas de mediana edad todavía recuerdan la aventura que representaba cruzarlo hasta la margen izquierda, Muchos ya llegaron a utilizar un andador peatonal que se construyó en un costado del puente, pero otros muchos preferian andar por entre las traviesas del tren, para observar el agua del río, en ocasiones representaba todo un reto personal, cuando la riada del río era elevada.
Cruzar aquel Puente "mágico" representaba adentrarse en una margen izquierda, arbolada con abundantes pinares y choperas, las piscinas de Helios ó las Municipales y, como , una de las playas zaragozanas, abarrotada en los meses de más calor.




Años 60. El Puente del Ferrocarril ya ha sufrido un cambio importante en su estructura, no obstante los zaragozanos acuden a las "playas" con auténtica devoción, y eso que las piscinas municipales ya eran accesibles al gran público pero, nada comparable a bañarse en libertad, en plena naturaleza y con la chopera a pocos metros...para disfrutar de una buena comida casera.

Años 30. Un grupo de trabajadores reparando las vías del Puente del Ferrocarril, hoy de la Almozara. A la derecha se aprecia la playa de Los Ángeles, auténtico espacio lúdico de los zaragozanos de la época.
Inaugurado al tráfico ferroviario este puente el año 1870, bien pronto las riadas constituyeron una grave alarma. La construcción de un puente en un río caudaloso inspira siempre serios temores, y tanto es así que durante muchos años se mantuvo en vigor una plaza de guardapuentes. En ese aspecto de grandes avenidas, el Ebro dió, durante aquel primer decenio, mucho que pensar.
Fueron dos lustros de prueba y baste decir que en aquella gran avenida de 1871, donde el agua sobrepasó las vías por medio metro, fueron apostadas unas piezas de artilleria en un lugar estratégico para volar el puente. Por suerte, amainó el ímpetu de la corriente y no hubo necesidad de derribo.


(gentileza de Mariano Gil)

Las arcadas del puente eran un buen refugio para evadirse del fuerte calor veraniego. Resultaba un tanto peligroso bañarse en ese entorno, por lo remolinos que formaba el agua.




Año 1949. Aquel legendario Puente de Hierro, estába siendo acondicionado con una nueva estructura para los nuevos tiempos...


(gentileza de: Alicia Casamayor)

Año 1938. Sobran las palabras, pues la imagen muestra claramente cómo aquel el río Ebro, cristalino y sano, estaba integrado en la vida de los zaragozanos. Quien, en su sano juicio, se echaría hoy sobre las piedras con su vestido nuevo "de los domingos".

(gentileza de: Fernando Manuel Gallego)


Año 1950. Esta imagen ya empezaba a ser frecuente en las "Playas Zaragozanas" . No hay que olvidar que los cánones morales de la época, impedían a las mujeres acudir con demasiada frecuencia a los baños públicos, aunque, comentarios los habría, por supuesto.





(gentileza de: Juan G. Rodrigo)


Puente del Ferrocarril hace ya muchos años, la imagen habla por si sola. Aquellos tiempos idílicos, donde las cosas eran "más" naturales, pues como que ya no volverán. Los que hemos tenido la suerte de conocerlas, eso es lo que nos llevamos por delante.




(gentileza de: Cristina Casamayor)




(gentileza de Mariano Gil)

Años 60. Los pilares del Puente del Ferrocarril (de la Almozara) servían como refugio contra el tórrido sol de verano.

2 comentarios:

Pattyzgz dijo...
Siempre nos impresionas un poquito mas. Tus post, siempre superan al anterior. Excelente.
Rafael Castillejo - rafaelcastillejo.com dijo...
Hola, Víctor. Enhorabuena por la colección y por lo que cuentas. Ya sabes que yo he hecho muchas bilis por cosas así. Por lo que respecta al Ebro, solía bañarme con mi padre, los domingos por la mañana, en la Playa de los Ángeles, que es esa que tengo en mi página (la del Puente de La Almozara). Pero, sobre todo, íbamos mucho a la Fuente de la Caña, El Ojo del Canal, Las Siete Peñetas y la Fuente de la Caña. Yo fui testigo presencial de cómo caía por ladera izquierda del Huerva la enrona procedente de la obra del Colegio de la Sagrada Familia. Después llegaron los putos chalets de lujo que acabaron con ese río definitivamente. Una tarde que no tenía que hacer nada, allá por el 74, cuando estaba haciendo la mili, desempolvé los aparejos de pesca y me fui hasta el Ojo. Nunca olvidaré aquel atardecer que me mostró unas aguas sin vida alguna. Sólo vi ratas por doquier que salían de los arbustos a cientos. Sentí asco y miedo. Tiré a la basura aquella sencilla caña con la que yo había pescado hermosas carpas hacían tan pocos años y ya no volví a pisar unos parajes que para mí fueron un día como un pequeño Amazonas.